Joseph B. Wirthlin, "Concern for the One," Liahona, May 2008, 17–20
Asociada a esa falsa idea está la creencia errónea de que todos los miembros de la Iglesia deben parecerse, hablar y actuar de igual modo. El Señor no llenó la tierra con una orquesta vibrante de personalidades sólo para valorar a los flautines del mundo. Cada instrumento es preciado y aporta a la compleja belleza de la sinfonía. Todos los hijos de nuestro Padre Celestial son diferentes de algún modo; sin embargo cada uno posee su hermoso sonido propio que agrega intensidad y riqueza al conjunto.

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